jueves, 26 de abril de 2012

2012 - 26 de abril - 1937 - Guernica recuerda el horror



A 75 años del bombardeo

Por Juan Carlos Algañaraz


La ciudad vasca, cuya destrucción inspiró el cuadro de Picasso, hoy conmemora el feroz ataque de las tropas alemanas e italianas, aliadas a Franco. Los sobrevivientes cuentan la heroica resistencia.


“Pasadas las 3 y media de la tarde, vi el avión de reconocimiento que daba vueltas sobre la ciudad volando bajo. No había peligro. No teníamos nada para defendernos contra la aviación. Ni armas antiaéreas, ni sistemas de alarmas adecuados ni refugios buenos. Los que se cavaron rápidamente después del bombardeo, y destrucción de Durango, estaban sin terminar”, explicó a Clarín Pablo Izaguirre Hormaechea. Fue el primero con que este periodista recorrió Guernica y recibió la información
exacta de la masacre, la destrucción completa de la “ciudad santa” de los vascos. Murió hace unos años y siempre lo recuerdo en mis notas.

Pablo era monaguillo de Santa María, ubicado sobre una pequeña loma en el corazón de la ciudad. “Vi el avión pero no le hice mucho caso porque siempre volvía después del mediodía”, explica Luis Iriondo, 89 años. Entonces, hace hoy 75 años, el 26 de abril de 1937, a las cuatro y media de la tarde, la ciudad fue bombardeada durante tres horas, muriendo entre 126 y 300 personas, según algunos historiadores, ya que nunca se conocieron cifras oficiales. Luis tenía 14 años y el 26 de abril estrenaba pantalones largos, el símbolo de que dejaba la niñez. Estaba contento, pero de pronto las campanas de Santa María comenzaron a repicar y la siguieron otros templos. “Era un repicar tremendo, desesperado, que indicaba un ataque aéreo. Después alguna fábricas comenzaron a hacer sonar sus sirenas”, recuerda Luis. Pablo Izaguirre, el monaguillo de Santa María evoca: “Tenía que redoblar las campanas cuando desde el monte Aixelrrota, frente a la Iglesia, unos gudaris (soldados vascos) hicieran flamear unas banderas de advertencia. No tenía ni teléfono”. Los gudaris se agitaban porque se echaba encima de la pequeña ciudad un enjambre de aviones. Eran la Legión Cóndor de la Alemania Nazi y muchos aviones italianos, cortesía de Benito Mussolini. Aparatos modernos cargados de bombas “rompedoras” y otras “incendiarias” de fósforo.

Destrucción e incendios. Herman Göring en el juicio de Nüremberg, destacó que “aprendimos mucho en Guernica sobre cómo destruir una ciudad por completo”. Guernica tenía que ser destruida no por su valor militar, como lo demostró el hecho de que el puente hacia Rentería y las tres fábricas de armas para los gudaris no fueron tocadas por las bombas. El valor del “Vaticano de los vascos” era espiritual. Bajo el tradicional Arbol de Guernica, los reyes españoles juraban los fueros (derechos) como Señores de Vizcaya.


Es el símbolo de las libertades vascas

 La destrucción del pueblo, después de más de tres horas de constantes bombardeos, gracias al testimonio de varios corresponsales extranjeros hizo explotar la indignación mundial contra Franco, al que los vascos hacen responsable por haber autorizado la operación de la masacre. Vino la explicación “oficial” ridícula: los “rojos separatistas” vascos habían incendiado la ciudad, especialmente los pérfidos bomberos que no tenían agua para apagar los incendios. Además de los periodistas, varios sacerdotes –que salvaron a muchísimos heridos– deshicieron la patraña del franquismo. “La verdad es que el general Mola, jefe franquista del ataque al norte, se enfureció por la resistencia de los vascos que en su mayoría eran muy católicos, pero apoyaban a la República que reconocía sus derechos”, explica Pablo. “Me metí en una galería que ahora llaman refugio, pero no tenía ni tomas de aire. Estaba sin terminar, pero eran de concreto y salvó mucha gente. Nos agachamos hasta encontrar un poquito de aire”.

Pero había pasado menos de media hora. “Quería rezar y no podía. Señor mío Jesu…

bbbrooom, una bomba. Y así varias veces. Después volví cuando se reanudó el bombardeo y me quede en la puerta donde se respiraba mejor. Teníamos terror de quedar enterrados vivos. La gente gritaba porque el ruido era ensordecedor, a veces una explosión cercana hacía temblar todo. Y las llamas por todos lados. Cuando salí y me uní a mucha gente, que no paraba de gritar. Era el terror total”.

El recuerdo ayer se sentía sin tiempo en la plaza del Ayutamiento, donde hoy se recordará la tragedia. Andone Bidaguren, 84 años, también estaba ahí. Tenía 9 el día de los bombardeos. “Recuerdo los gritos desesperados y los llantos de las mujeres llamando a sus padres e hijos desaparecidos: ¡Aita! , (¡Padre!) y ¡Amatxu! (¡Madre!). Nunca lo olvidaré y cuando recuerdo me lleno de tristeza y de rabia.”

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